sábado, 25 de abril de 2009

CRÓNICA DE UNA TARDE DE ENSUEÑO...en BORNOS





Miércoles 22 de abril, víspera del Día Internacional del Libro. Año 2.009
Ni una nube. Bajo azul colosal, el viejo Bornos sesteaba acalorado en espera de una tarde memorable. Y lo fue.
17;30. Con el salón de Cajasol a rebosar, accedió al estrado, en tres grupos consecutivos, el alumnado del SEPER Almarda.
Mª Luisa presenta el acto.

García Lorca se hizo presencia: su derroche imaginativo desembocaba aquí en un inesperado cruce de sentimientos transportados por algunas incipientes voces lectoras, y todas _menos Neil_, de emocionadas mujeres comprometidas, e incluso temerosas, con el lirismo.

Dolores, Brígida, Antonia Cabrera, Ana María y María… nos pasearon con amantes, lunas y mariposa, campo de olivos, Carmen, naranjos en flor…

Luego, Loli y Encarna, Manuela y Antonia Sánchez: Mariquitas, árboles y jinetes, aceitunas, tarde, agua, tristeza…¿Y la germana Bárbara Obi-Edegbe, que tan extraño y a la vez encantador vuelo le diera a su abejaruco?

Les siguieron Paca, Pilar, Cati… Momentos para la noche de ausencias, para las manos, para el corazón cuando duele…Y el matrimonio Camfield, June y Neil, que adornaron con británico barniz el remanso y la baraja lorquianos.

Gracias a todos, la sensación de temperatura veraniega desapareció desde los primeros versos, ya que, como decía Jorge Guillén, “donde está García Lorca no hace frío ni calor, hace Federico.”

Y a Federico se respiraba cuando le tocó al turno a nuestros representantes de la Indocencia. Con sólo cuatro jinetes de los seis anunciados en la línea de salida. A Juan Francisco y a Paco les fue imposible llegar desde Almería y Estepona, tampoco Mª Dolores… Y cómo les duele el no haber podido asistir.


Pero como detalle de magia, se encontraba allí Araceli Espejo, poeta local, y accedió a sentarse con nosotros para conseguir cierta paridad: si en el alumnado solamente había un varón, entre los autores disfrutábamos al menos de una poeta. La Mujer estaba presente. Una amazona del verso se mecía inesperadamente entre los vientos de nuestra pradera, condenada, de no ser por ella, a lo varonil.

Araceli nos supo atraer con sus sentimientos, nos ruborizó con su humildad, nos cautivó con su sencillez… Nos sedujo con sus semblanzas de Alberti y nos remató con el cariño, bordado en palabras sinceras hacía su amiga María Luisa García.

Y el juglar salió al camino. Narciso Lara nos recreó una Al-Andalus vital en los recuerdos y reina de la oscuridad, pese a la policromía. Y otro rey de viento y lluvia, manantial de esperanza, un Rey Guadalquivir de Tierra Prometida.
Su palabra, para ser cantada, transmite calidez y calidad, fuerza poética que sobrevuela sobre los asistentes coincidiendo con algo que aún permanecía en el ambiente, que no se había ido. Federico, de nuevo, esta vez inmortalizado por Narciso en el niño que clama a su madre, luminosa Luna de embrujo, hiel, anhelos y eternidad.


Con Paco Velázquez resulta evidente: el mundo interior está para entenderse y lo cotidiano en su vida se magnifica y avasalla. El contexto familiar lo justifica y puede todo. Las estrellas son cercanas teniendo a una hija. La Luna, ya no es quimérica al brillo de la miradita infantil.
El cielo, de grande, sí es incógnita que el juego de la palabra acerca a la interrogante de un niño; el que, en el fondo, somos todos.
Poeta de mirada noble que se refleja en sus estrofas. La atmósfera entrañable creada por Paco es brisa renovada en cada pausa, en cada pincelada. Tanto, que nos resulta imposible escuchar el llanto de una tierna Rosa entre espinas ajenas.

De disimulada sensibilidad, Pepe Pavón es un poeta que invita a una aventura en cada obra, sin rigidez, con amable ironía…
Pero que puede herirnos en lo vital con una madre enferma o alertarnos mostrando su grito junto a la red que espera a incautos voladores.
Con Pepe, comulgan los recuerdos e imágenes con lo emotivo y sentimental. Todo es cercano en cada presente evocación. Y nos lo hace ver, alegrándonos, cuando rememora el juego inoportuno de remojar juguetes inmaduros, tan inaccesibles.


Imprevisible, como casi siempre, Jorge Garrido, habla de un nuevo hijo engendrado en El Cairo al que le asoman Palmeras.
Sin toque ni baile, que ni guitarra ni taconeo estaban en el programa, pretende emular a los flamencos y recita algunas coplas que, por fortuna, no son mal recibidas por el auditorio. Y se puso serio al comparar a la madre naturaleza, renovable, con la otra, humana, reseca para siempre por el dolor. Y dijo que le habían pedido que repitiera un poema del pasado año, y se puso dalequetepego a dar puntadas con una vieja máquina de coser…

Acabado el evento, Chari y Mª Luisa (las compañeras organizadoras) estaban exultantes. Y nosotros.
Fotografía colectiva de los cuatro grupos que habían pisado aquellas tablas. Sonrisas y saludos. El público también salía satisfecho. Gratificante todo.

Bajamos unos metros, por la misma calle y en la otra acera esperaba el café. El Centro de Adultos nos abría sus puertas, y su patio central, y el del fondo. Allí. Todavía apretaba, hiriente, el sol, pero había sombrita. Y vasos. Y leche. Y pastas. Y mujeres contentas. Y pastelitos. Y charla amena. Y bizcocho…

Y tenernos que despedir. Inevitable despedida… ¡Pero pasa tan rápido un añito!

Del corresponsal (ocasional) para la Agencia G27 : Jorge Garrido.Gracias a todos. A los que estuvisteis y a los que no pudisteis.Un abrazo

1 comentario:

JUAN dijo...

Me ha parecido una crónica excelente narrada con prosa musical untada de poesía que deja un sabor delicioso en el paladar del espiritu.
Felicitaciones a los partícipes y a los organizadores del evento.